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Milonga sentimental

"Milonga pa' recordarte, milonga sentimental, otros se quejan llorando, yo canto para no llorar" Así comienza la "milonga sentimental" y puedo decir que así comenzó, en parte, la semana pasada pues, tuve muy presente que el primer fin de semana de octubre es la tradicional Peregrinación Juvenil a Luján. Pero como mi naturaleza no es melancólica, si no alegre, y gracias al espíritu en común con un nuevo amigo que pareciera que nos conoce de años, surgió, casi "casualmente" -como todas las casualidades de Dios- nuestra propia peregrinación. Claro que consideramos todo este viaje una peregrinación. Pero específicamente, este fin de semana, con la necesidad de acompañar a esos miles de peregrinos desconocidos y a unos cuantos conocidos que llevaron nuestra oración y nuestros corazones a los pies de la madre gaucha, fue el momento propicio para, como familia, emprender el camino a un santuario que dista un poco más de 60 km. de nuestra casa aquí en Wiscon...

Los anteojos de Tata Dios...

Mi homenaje, en este título, a un querido monje benedictino: Mamerto Menapace. El título es el de un cuento maravilloso que él escribiera, y que les recomiendo, por poseer una gran moraleja. Pero en el caso de este post, tiene una intención distinta. Tiene la intención de tratar de ver las maravillas del mundo que nos rodea desde una mirada lo más semejante a la que Él tiene. Y en mi caso, este pedacito de mundo del que ahora formamos parte. Y entonces, como intención declarada en este tiempo, me dedico a la contemplación. No a la contemplación de la vida del claustro. Pero sí a la contemplación. Pensándolo mejor, algo de relación tiene con la vida de monasterio. Hace años atrás, tuve una experiencia maravillosa. Los monjes trapenses de Azul decidieron, como celebración del Jubileo, abrir su casa a chicas y muchachos de Buenos Aires, para mostrarles su modo de vida, a compartir unos días de sus vidas. Cada uno de esos hombres tenía algo que enseñarme. Y hubo uno, que era...